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Así como cuando son las 2 y 43 am y no podes dormir



Y entonces recordás que todo empezó un día cualquiera. Un día como hoy. Y que el día es hoy. Y que todo puede pasar. Y que la magia sí existe ciertamente J.K. Rowling. Sí, tu mujer británica y la que sin que nadie sepa un día me salvaste la vida. Y salvaste la de mi hijo. Esa mañana. En Maine. Cuando todo pudo haber acabado en un instante. Cuando todo ese blanco me abrumaba y yo tomada de la mano de mi pequeño pensé que ese era el día. Que hasta allí llegaríamos los dos. Porque ciertamente no soy yo el exceso. La vida es el exceso. Y simplemente estaba allí en la nada. Descendiendo sobre aquel pavimento escondido con nieve. Y yo te miraba hijo y tu jugueteabas. Y yo te miraba y no comprendía bien este mundo en el que vivíamos. Y entonces dejé que el viento me rozara. Era helado. Era dolorosamente frío. Y tu manito regordeta me apretaba. Y yo era todo para ti. Era tu universo. Y era tu viento y tu mar y era tu sol y tu amor. Y era tu madre y en ese instante tu padre también. Y era ese Buzz Lightyear del que te disfracé ese año con tanto amor y el cual afortunadamente te acuerdas tanto. Porque si hubiese sido perfecto tal vez no lo recordarías.





Así como cuando a punto de pisar la calle para cruzar un umbral misterioso y desconocido, el ruido de aquel gran camión negro a toda velocidad te deja abrumada y sin aliento. Y los dos con sus manitos se miran sorprendidos. Atónitos. Estremecidos. Aturdidos…Y entonces las gotas de agua que vuelan a miles de kilómetros y lanzadas por los Dioses, de repente te dan contra la cara y el aliento de ese monstruo grande y maravilloso te arrebata el aliento y te lanza contra el vacío. Contra la nada y solo podes mirar a tu pequeño y verle sonreír y mirarte con esa sonrisa que hoy no quiere darle al mundo porque su frenillo es demasiado pequeño y cree que lo hace diferente.





Y entonces solo podes cerrar los ojos y respirar profundo y entonces se te asoma el trópico que sos, y el sol que brilla dentro de ti aparece y las ballenas que te han tocado te dan un coletazo como el que recibió éste mi pequeño retoño y el grillito de tu infancia te salta otra vez en la nariz y ves a tu madre y a tu padre, y tu hermano te empieza a pelear y ese bosque que siempre ha estado ahí para ti, te abriga y entonces, puedo ver cruzar ese camión negro y leer en su parte trasera: la vida es magia.





Así mismo. Sin más. Así mismo. Absurdamente. Así. Si así. Porque entonces sentís que todo en vez de acabar comienza. Y tu corazón late fuerte. Y sentís el universo inundando tu vida. Y de hecho la llena. La colma. Y solo podes salir a perseguir ese camión. Y ver a donde va. Y donde mas podía ir. A Barnes & Noble. Allí donde un día estarás. Y entonces te detenés en la entrada. Y tu hijo feliz porque regresó a donde ya conoce tan bien, te mira nuevamente y lo querés apretar tan fuerte contra tu cuerpo que casi se fundiría con el tuyo y regresaría a ese vientre que está ahí siempre como si de su cunita se tratara. Así. Así mismo.





Y entonces cruzas la puerta y te encontrás con esa maravillosa mujer. Menuda. Con el acento que sabes. Y entonces entendés su historia. Y la lees. Y sabes que sin nada de dinero en su bolsillo y llena de ganas escribió su primer libro y te juras a ti misma que tu historia también cambiará. Que regresarás. Que estar lejana de lo que amas no te llevara lejos. Simplemente te ha hecho conocer esas otras tierras lejanas y blancas que no te pertenecen y las cuales te son tan ajenas como la mentira y la deshonestidad…así mismo...





Y empacas tus cosas y regresas a casa. Y recomenzás. Y retomas ese hilo invisible que un día soltaste en medio del dolor. Un hilo que creíste que te pertenecía pero que ante una eventualidad te cambió la vida. Y lo soltaste y te fuiste de tu país amado llena de dolor buscando otro amor. Uno diferente. Uno que no engañara. Que no mintiera. Que te amara de verdad. Pero el amor no es para siempre. No es eterno. Es eterno mientras dura. Y el amor humano se transforma. Crece. Decrece. Madura. Y muchas veces desaparece…muchas…





Y ese, desapareció. Como muchos otros. Como tantos. No solo los míos. Sino los de muchos. Pero que aún así permanecen. Y se quedan en relaciones muertas. Y hacen lo imposible por retenerlas. Por no dejarlas ir. Por no soltar inclusive esas ramas muertas de sí mismos que les hacen daño. Y entonces yo le agradezco a la vida que me hizo comprender un día que debo soltar. Y he soltado una y mil veces. Y lo haría una y mil más. Y he abierto mis brazos y cerrado mis ojos y permitido que una fuerte tormenta se lleve esas hojas de mí que estaban muertas. Esa piel que ya no me pertenecía. Esas células que me estorbaban y que no me dejaban crecer. Esas mismas. Así mismo. Así.





Y así puedo conservar los recuerdos de esos otros seres que he amado con locura y de quien ayer, un gran hombre y amigo me recordó…y me dejó nuevamente como aquel día que en un acto mágico supe que mi relación había muerto y que era tiempo de soltarla. Que nadie ni nada ajeno a nosotros mismos había ocasionado esa ruptura y que ya era el tiempo. Y lo fue. Y fue, a partir de ahí, de otro día como hoy, hace catorce años que todo recomenzó. Una vez más. Y volví a ver el verde exuberante de este robledal que amo locamente. Y que al llegar me embriagó locamente. Me dejó exhausta de mirarlo después de haber visto tanto blanco... Y pude olerte tierra. Porque me hueles como el mejor de los aromas. Tocas cada fibra de mi ser. Porque tal vez un día fui árbol. Una vez fui hoja. Una vez fui raíz. Una vez fui semillita verde y dorada de mi tierra…





Así mismo. Así mismo como cuando te sentás doblegada por la soledad y miras a tu alrededor y ves a tu hermanos árboles y ellos te ven. Y lloras hasta el cansancio. Y lloras y lloras y le pedís perdón a la Tierra. Y al árbol. A la hoja. A tu hijo. A tu madre. A tu padre. A tu hermano. A tus hermanos que aún no conoces pero que llegarán. Le pedís perdón al grillo y al cóndor. Al águila y al delfín. Al sol y al arcoíris y te prometes a vos misma que un día lo lograrás y que por más tempestades que pasen, siempre, siempre estarás ahí para ese verde que te dio la vida. Para ese verde que amas con demencia. Para ese verde que se funde con tu alma. Para ese verde que sos y serás. Así. Así mismo.





Así mismo como cuando el 21 de diciembre del año pasado te arrodillaste ante este bosque y le hablaste. Y besas a Pepe tu árbol favorito y le susurras mensajes de amor y le decís a este tu bosque y a todos los bosques, que sola, no podés. Que invocas a todos los Dioses verdes del universo para que vengan a ayudarle a esas semillitas que hay por ahí. Que les vengan a ayudar a esos robles viejos y a sus amigos juguetones con los que ellos hacen travesuras, para que algo mágico suceda. Para que un milagro pase… Para que esa magia de ese camión venga y haga lo suyo… Si, así. Simplemente.





Y luego. En una mañana lluviosa y hermosa como hoy. Algo te tire de tu hamaca después de pocas horas de sueño y te diga: “Levántate…levántate…están aquí….están aquí…los hemos encontrado y los hemos llamado y ellos te han escuchado, porque tu nos escuchaste y porque tu nos creíste y entonces, ellos te creyeron. Levántate. Levántate mujer de este bosque que los precisos por esa magia que invocaste y que juntos invocamos, ya están contigo. Y mandamos ángeles para que los buscaran. Y mandamos experiencias duras para que pudieran estar ahí hoy contigo. Con nosotros. Hoy. A las cinco de la tarde. Levántate Elena y levántate Nico y Alejo y Lui y Sebas y Fanery y Taty y Erika y Andrés y José y Ginna y Cata y Santi y Melisa…levántense…que son ustedes…porque estaban listos. Porque son los precisos. Porque como en un acto divino hemos creído que ustedes serán…así mismo.





Así mismo como cuando un bosque te llama a través de las ballenas y no comprendes pero soltas. Y llegas. Y te hacen aprender tus mayores lecciones. Y recobras la confianza y tenes la certeza de que la honestidad no tiene tonos. Que la congruencia es tu verdad. Que la tolerancia, la flexibilidad, la coherencia, el júbilo y por supuesto finalmente la resiliencia han llegado para instalarse en tu vida como lo que son. Esos principios básicos y elementales de ser humanos. Del ser humano. Y a gritos y en silencio le decís a los robles: ey hagamos magia juntos, y entonces juntos hace un año, llamamos a estos que llegan hoy. Y entonces siete días antes de hoy, antes estos mismos árboles y seguramente otros, te levantaron a la misma hora y te sacaron de tu hamaca para tomar la decisión más importante de tu vida. Y empezás desde las 5:30 am a llamar a esos amigos. Y quien mas que, sino tú Lui mamores, para copiarme. Como esos radios que hoy sintonizas y con los cuales buscas quién sabe qué... Quién más podía lanzar al universo ese mi llamado, nuestro llamado, y ser mi siguiente cómplice en esta maravillosa aventura de lanzar la serendipia para que fueran apareciendo los correctos. Esos que hacen hoy, que este día, sea el más maravilloso de muchos. Porque el "Rebulú del Robledal" ha llegado y hoy en casa todos los árboles estamos de fiesta. Y danzamos en la lluvia. Y todos estos Robles, Nico y yo cerramos nuestros brazos y los abrimos y giramos y danzamos, porque ustedes han llegado. Han llegado para instalarse en nuestras vidas. Y nosotros en las de ustedes…





Así mismo. Así. Mismo. Así mesmo....

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