¿Desde dónde nos habitamos?
May 28, 2019
story
He descubierto que nos habitamos en los instantes. En ellos. En este. No tengo más. No existe nada mas. Ni el pasado ni el futuro. Y aún así basamos toda nuestra vida en esos dos lugares inexistentes. En esos dos…donde ya no estamos. Ni estaremos. Qué curioso…nos llenamos de miedo casi siempre en ambos. Y nos cuesta verlos como lo que son. Ilusiones.
¿Desde dónde nos habitamos? Nos habitamos desde el espíritu y él nos habla. En sueños. A mi me habla claritico. Y le creo. Es en quien más confío. En mi espíritu? Y en quién más podría poner toda mi fe? ¿Basar todas mis decisiones? ¿Toda mi verdad? ¿Si es que soy yo misma? ¿Si es que soy esa que vino aquí para aprender y cargada de otras historias? Me habito desde la honestidad. Desde la transparencia. Desde la aceptación. Desde la compasión que siento por otros y por mí misma. Porque es real. Somos lo que vemos. Y veo muchas cosas lindas. Y cuando no las veo, me reviso. Me pienso. Me voy a un árbol. A ese. Y allí en silencio me pregunto, ¿qué es lo que me molesta? Y hallo las respuestas.
Me molestan muchas cosas. Soy imperfecta pero me amo así. Porque estoy aprendiendo. Y aprendo rápido. No siempre. Unas veces me cuesta más que otras. En otras voy a la velocidad de la luz. Y más…voy a la velocidad del pensamiento. Y no sé si tenga medida. Y voy allí. Y pasa un recuerdo y lo detengo. Y lo quiero atrapar. Y lo quiero volver a hacer mío. E intento verte saltar una y otra vez ballena…intento que tu splash moje de nuevo mi cara. Y quiero regresar a verte aurora boreal. Tus increíbles colores siempre me dejaran extasiada de verte mover en mi planeta como si fueras los espíritus de los colores que danzaran en el cielo. Y deseo volver a ti Gaia. Una y otra vez. Siempre. Y a Pijibá en donde la piscina de Nicolás nos esperaba una y otra vez en ese ciclo repetido de las mareas.
¿Desde dónde nos habitamos? Veo que en las ciudades hoy se habitan desde despertarse a coger primero su celular para ver quien les dio un like o quien escribió o quien dijo o no dijo. Y se habitan desde las malas nuevas que pasan mientras almuerzan. Y se habitan desde la inmovilidad de quienes aún siguen por decisión propia o porque tienen, que llegar a todas partes en un automóvil. Se habitan desde la parálisis que pareciera que ejercieran las ciudades sobre ellos. Veo a tantos tan perdidos en ese ecosistema abrumador que quedo asustada cada vez que regreso. Y cada vez quiero regresar menos. Si no fuera por ti madre o por ti hijo, ni a deshacer los pasos volvía. Me da pena con las especies que viven allá. Con miles de árboles que agonizan. Con esa agua que escasea y que ustedes parecieran no escuchar. Yo escucho el lamento de mi ciudad y me derrito con ella. Literal. El calor me deja sin palabras. Ni una. Pero desde mi silencio me descubro. Y se me revelan mis realidades. Veo cómo es que me habito.
Y me habito desde el pensamiento. Desde mi silencio. Y hace poco entendí que cuando tuve una mayor apertura en mi corazón fue cuando más aprendí. Aprendí de algunos seres que llegaron a mi vida efímeros como la vida misma. Y entendí tantas cosas. Comprendí el valor de la amistad y la verdad. De la lealtad. Comprendí que nada es eterno. Que todo llega por una hermosa razón y se va sin ser o no el tiempo, por lo mismo. Aprendí que un Rebulú, es eso, un Rebulú. Y él tiene vida propia. Y quienes decidimos vivir diferente corremos riesgos. Y podemos acertar o no. Pero nos arriesgamos y nos lanzamos al vacío y sin paracaídas por una certeza. Por la convicción de que debemos ocupar y también habitar ésta Tierra nuestra Gaia, diferente. Más respetuosamente. Más amorosamente. Y pueden cambiar los trashumantes. Pueden ser otros los pasajeros. Pero la forma en sobre cómo debemos vivir y ocupar este Robledal sigue intacto. Nada cambia en mi corazón. Es el mismo. Sigo convencida de que así nos tropecemos, los árboles con raíces fuertes seguimos de pie y eso me basta.
Nos habitamos desde el amor. Nos habitamos desde la consciencia plena de ser cada día mejores seres humanos. De ser siempre mejores con nosotros mismos. Bondadosos con nuestro espíritu y nuestro cuerpo. Amorosos con nosotros y con todos con quienes habitamos los lugares que amamos. Respetuosos con nosotros y coherentes también…simplemente. Así nos habitamos. Livianos. Con el amor sereno que solo nosotros podemos darnos. Con la tranquilidad que habita en nuestro corazón y a la cual regresamos cuando nada parece tener sentido. Pero lo tiene. Porque somos verdaderos. Porque la honestidad con nuestro espíritu y con nuestro cuerpo sostiene lo que sea...sin importar qué.
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