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El cielo es acá



Y si no es acá. ¿Dónde es? ¿Dónde? Creo que es acá. Creo que está en nuestro corazón. Cruza nuestro cuerpo. Pasa por nuestra piel. Atraviesa todo. Va a lo que vemos. Y a lo que no vemos. Va hasta lo que pienso. Hasta los recuerdos. Visita este bosque allá a donde hoy hay una linda carpa verde. Visita mi Gaia y la recorre toda, inclusive hasta donde vive esa culebra 24 que me aterroriza de solo pensar que está en mi mesita de ese Avatar gigante. Va hasta el plancton y lo acaricia. A las ballenas que son mi guía silenciosa y que según seres angelicales son el animal de este año. Lo encuentro en este Arví que amo tanto porque se lo merece. Es un lugar mágico y encantado por descubrir. Es una fantasía sacada de todos los cuentos…es.





El cielo es acá. No creo. Estoy segura. Porque creo que venimos envueltos en este cuerpo por maravillosas razones. Y aunque nos cueste ver nuestro crecimiento, sí que crecemos! Y crecemos para los lados y para arriba y para todas partes. Y aunque lo neguemos crecemos para adentro y desde adentro también. Algunos se encogen también. Pa´ que. No todas las semillas nacen. Ni son buenas. Ni crecen. Ni nacen derechas buscando la luz. Y se van dañando desde adentro. Y crecen con daños colaterales. Como toda semilla…así se le proporcione la mejor tierra, el agua más bella y pura, el aire más limpio…ella por sí sola, tiene vida propia, y escoge ser otra cosa, antes que ser una belleza de árbol, de planta, de ser…porque este viaje es individual.





Y el cielo es acá. Y por más que lo busquemos no está en ninguna parte distinto a nosotros. En nuestro viaje. En nuestro camino. En nuestro andar sereno o rápido algunas veces… Porque hay instantes en los que siento en que no me va a alcanzar la vida….que mis 48 años casi 49 no me darán para todo lo que quiero hacer, para abrazar a todos los que quiero abarcar, para decir todo lo que mi corazón siente, para pedir perdón, para decir…para decir así después tenga que devolverme y reparar lo dicho. Porque prefiero decirlo todo. A vivir atragantada. Porque se me sale por la piel lo que siento... Es verdad. Lo digo o me delata mi cuerpo. Y quienes comparten mi vida conmigo saben lo maravilloso o doloroso que puede ser. Porque ciertamente soy ese exceso que me exige vivir permanentemente en la verdad, en la honestidad, en la transparencia, en una vida sin claves, sin passwords que bloqueen hasta mi propia vida. No tengo nada bajo la mesa. No hay nada…





El cielo es este. Este placer que siento mientras escucho la mas bella música, mientras veo el más maravilloso y frío amanecer, mientras las aves a lo lejos se cantan llamándose, mientras mi hijo duerme calientico en esa ciudad que hoy a mi no me parece el cielo sino el infierno. Mientras pienso en mi madre y en todo lo que hemos pasado y por todo lo que hemos pasado y seguramente pasaremos. Porque cuando las estructuras son firmes todo se puede. Todo se vale. Todo es todo. Y hay veces uno piensa que el cielo se le va a caer encima. Y no. En ese instante aparecen ángeles terrestres y celestiales que te dicen las palabras precisas para centrarte y saber que sos ese ser luminoso que somos todos. Y que a nuestra vida llegan seres brillantes y oscuros que nos hacen pensar que el cielo no existe. Pero que cuando vuelves y revisas, reconoces que el cielo está en ti. Y que no está en ninguna medicina. Por ancestral que sea. Porque no hay nada más ancestral que uno. Nada. Ni más grande... Y que no hay religión que valga cuando sabes que el cielo te habita. Por más religión que sea. Porque la religión es solo el pretexto que buscamos para otorgarle el poder a otro de decirnos qué hacer cuando no sabemos qué hacer. La religión aliena. Y si lo hace para bien, bienvenida. Pero si haces cualquier cosa y lo tomas como tu religión pero no te hace ser bondadoso ni amoroso, ¿que sentido tiene? el sentido es que tengas una y que vayas y salgas siendo mejor. No peor...





El cielo es este. Y en este cielo que me habita he descubierto que debemos ser ante todo coherentes. Con nosotros. No con los otros. Pero con los otros si debemos ser respetuosos y generosos y hacer mover la energía de sus corazones compasivamente. Y debemos procurar contarles nuestra experiencia para que todos no cometamos los mismos errores una y otra vez…como si la memoria colectiva no sirviera para nada. Porque ciertamente sí sirve. Porque la memoria colectiva es esa inteligencia silenciosa que entre todos poseemos y que nos puede llevar a ser mejores. Es esa…





La inteligencia silenciosa que hoy me hace comprender que el cielo está adentro de mi y no afuera. Afuera no hay nada Alejito. Nada. Está todo en nosotros. Créeme.

      • Latin America and the Caribbean
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