World Pulse

join-banner-text

Hace poco me di el mejor de los regalos



Llevaba rato queriéndolo hacer. Ya lo había hecho. Y lo volví a hacer. Tomé una hora de mi tiempo y me comuniqué. Una hora. Intenté explicarle una y otra vez. No. Es que no. No. Es que no quiero. Es que no me intente vender más de lo que no quiero. Es que. Es que…hasta que ya me molesté y le dije. Mire, ¿ustedes si graban estas conversaciones? Ah bueno, entonces que conste que llevas una hora intentándome vender lo que no quiero más y no voy a pagarles nunca más, ¿entendiste?





Su silencio fue maravilloso después de haberle escuchado tantas justificaciones. Lo logré, pensé. Y fue así. Me di el mejor de los regalos nuevamente cuando cancelé mi suscripción a una programación de televisión que poco veía. Y que al final de cuentas cuando llegaba a mi habitación, muchas veces prendía casi como autómata, y sin darme cuenta terminaba enganchada viendo una serie de basuras, que nada tenían que ver con lo que quería, ni con lo que deseo, ni con lo que sueño, ni con lo que nada. Punto.





No quiero basura en mi vida. De ningún tipo. Y si hay algo en donde yo vea basura es en la televisión. Estamos súper preocupados por la basura en los basureros, en el ciber espacio, ¿y que hay de la que le vamos metiendo a nuestro cerebro de cuenta de las cuentas multimillonarias en las que van quedando convertidas las cuentas de aquellos que irresponsablemente lo hacen? No. Me niego rotundamente. Eso de ver programas con un control en el que uno puede dar dieciocho vueltas y no hay nada, es un verdadero absurdo. Pero el absurdo no es eso. Los absurdos somos nosotros.





Somos absurdos cuando nos dejamos llenar nuestras vidas de cosas innecesarias. Un televisor, otro, un canal, otro. Y otro y otro. Y un servicio, y otro. Y una tarjeta de crédito y otra. Y una suscripción en una tienda y otra. Y, y, y. Qué locura! Qué nos está pasando… Qué es lo que estamos llenando. Qué es lo que estamos perdiendo. Qué es lo que tememos. Qué es lo que ya no queremos ver. Ni tocar. Ni sentir. No hacer. Ni ver….





Yo me he dado muchos placeres en mi vida. Pero recuperarme a punta de pequeños actos conscientes han sido maravillosos placeres que repetiría una y otra vez. Re educar a quienes me rodean ha sido algo también muy valioso. Llamar viéndonos, escuchar buena música, hablar mientras las velas dejan ver apenas nuestros rostros, dormir temprano, ver buen cine, visitarnos al menos una vez a la semana en vez de escribirnos eternamente por esos inventos maravillosos que nos conectan pero que si no lo hacemos bien, también nos desconectan.





Hoy cometí un error al cambiar de celular con mi tía. Y entonces descubrí otro placer. Un día sin whatsapp. ¿Y qué mas da? Y mis contactos al parecer recibieron una notificación de que cambié de celular…¿Y qué mas da? Si al final de cuentas con quienes realmente estoy conectada, lo estoy con eso o sin eso. Todo lo demás son solo herramientas. Eso. Herramientas que me sirven a mi. Y a muchos. Pero no al revés. Porque hay veces me siento al revés y mi vida queda al revés y me toca entonces parar. Detenerme. Y reorganizarme para mirar todos esos gadgets que me encantan y saber que nada de eso es lo importante. Que soy yo. Que ningún programa reemplaza esos programas que hago con mi hijo. Con mis amigos. Con mis perros. Conmigo.





Cuando me doy estos regalos lo que me pasa es que voy a mi centro. Y lo amo.

      • Latin America and the Caribbean
      Like this story?
      Join World Pulse now to read more inspiring stories and connect with women speaking out across the globe!
      Leave a supportive comment to encourage this author
      Tell your own story
      Explore more stories on topics you care about