Sabía que llegaría
May 28, 2019
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Y que por más que intenté no lo lograría. No funciono así. Funciono así. Y no puedo evitarlo. Y así sé que todo sí está conectado. Y que aquel día cuando me vi a mí misma a través de mi propia mente en esa ventana, escribiendo, cuando apenas tenía 18 años y estando tan confundida, era por algo. Por algo que yo no podía comprender en ese preciso instante, pero que ante la pregunta de Gabriel, quien conducía mi curso de Inmente, un nombre no casual, y de lo cual apenas hoy 30 años después conecto, es que puedo ver hacia atrás y unir todos los puntos.
Sabía que llegaría. Y cómo más podría ser sino en este preciso instante. 3:41 am. Albinoni me devuelve a aquel instante en que me dijo el, ve hasta ese lugar que eres. El que será. La que serás. Y mi espíritu fue hasta este instante. Y yo solo tengo gratitud Gabriel por ti. A los dos Gabrieles. Yo estaba allí con mi hermano Juan. Ambos creíamos que la vida era algo más que lo que vemos. Y nuestra madre también y nos regaló ese maravilloso curso que sé que siendo tan jóvenes nos cambió la vida. Yo me pregunto si cuando nos dijeron que fuéramos quienes éramos, mi hermanito Juan de ese entonces fue a ser el médico tan increíblemente talentoso que es hoy. ¿Fuiste Juanchito a ese lugar? ¿Fuiste a ese mismo lugar en donde buscas en el interior de las personas lo que sus espíritus le hacen a sus cuerpos? ¿Fuiste? Contá. Yo quisiera saber. Y quisiera abrazarte porque aún conservo mis notas del curso. Aún tengo el curso. Y dos copias...¿una será la tuya? Esas hojas son parte vital de mi vida. Porque hace treinta años quedó escrito en esas hojas amarillas y hermosas hoy, mis sueños.
Sabía que Albinoni llegaría hoy. Como una cascada luminosa de recuerdos. Como esa necesidad inevitable de que mi espíritu me hable. Siempre. Y yo teniendo que hacer dos cosas muy importantes, empiezo por otra que es hoy vital para alguien, y luego decididamente, comienzo con ese informe que debo entregar hace cinco días y que tengo que terminar hoy y que debo, pero que ante el Adagio para cuerdas y Órgano en G menor de Albinoni queda todo suspendido en el tiempo. Como en ese limbo inexistente. Como esa verdad absoluta de que no solo soy el ventarrón para los demás pero que lo he sido para mí misma, y eso me ha exigido tener un corazón fuerte, para resistir inclusive las cosas más sorprendentes que me suceden a diario. Sí Olguis, sí, ahora sí te creo que me pasan cosas a millón. Es cierto…y es un exceso.
Cada cuerda de Albinoni toca una de mis fibras, cada tecla de ese órgano me asfixia y casi me deja sin sentido. Porque entonces no estoy aquí. Estoy allá en mis 18 años cuando aquel hombre conectaba cables a las plantas intentando demostrar que poseen energía y que nosotros también y que nuestras palabras afectan a quienes les decimos las cosas y más aún, que nuestro pensamiento también. ¡Y yo tenía tan solo 18 años! e intentaba comprender…y lo hice. Pero no inmediatamente. No todo se aprende de una vez. Queda ahí en tu cerebro sembrado como una semilla y llega el día en que vas y lo buscas y apelas a ese aprendizaje para poder seguir…esa es la magia.
Desde ese día, Albinoni y las hojas de papel hoy amarillas, son mi guía. Mi luz y mi camino. Mi brújula y mi norte. Y le agradezco al universo, a quien sea Dios, a mi padre, a mi madre y a mi hermano porque nos pusieron allí para creer que la vida está toda conectada. Y que somos nosotros los principales causantes de nuestra realidad. La cual podemos modificar. Si creemos. Y creamos. Y tan solo necesito cerrar los ojos una y otra vez, para no perderme de vista, aunque para muchos, me haya perdido de vista, y de camino y de tantas cosas. ¡Pero los entiendo! Es que ustedes no podían ver la mujer de aquella ventana que yo sí veía. Ustedes no sabían que éste día llegaría. Ustedes no podían comprender siquiera que a mis escasos 18 años y por un acto milagroso y lo cual es producto solo de eso que los produce, mi hermano y yo recibíamos el regalo de nuestras vidas, un regalo basado en el amor, un regalo de amor, porque él mismo es el amor. Ahora Juanchito, solo me resta pedirte lo que me exigió David en nuestro almuerzo navideño, "tía amplíale el plazo, hasta el año entrante…hasta el año entrante…" y yo reí y desee que así fuera. Que fuera cierto y que lo decretaba para que juntos nos liberáramos y cada día y al lado de quienes más amamos seamos siempre mejores seres. Siempre….
Sabía que éste día llegaría y debo parar y no puedo... Y Albinoni no me deja. Y tengo que hacer mi informe y terminar de revisar mi regalo. Y seguir, pero la mujer del hoy que habita en mí y que vi hace treinta años quiere continuar. Y entonces lo hago. Pero en otra página. No en ésta. Sino en otra que seguro pronto leerán.
Sabía que llegarías…siempre lo supe. Estaba segura. Porque ya te había visto. Ya te conocía. Inclusive me habían mostrado dos fotos Kirlian de tí. Y las he conservado durante treinta años...ya desteñidas de tanto ir y volver al Chocó...pero sos esa.
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